Aquincum, ruinas romanas en Budapest

Budapest, al igual que otras muchas ciudades europeas, fue, en tiempos, una ciudad romana: Aquincum. En varios lugares de la ciudad es posible ver restos de este asentamiento, como, por ejemplo, en la plaza del 15 de Marzo, en el corazón de la ciudad (aunque lo cierto es que en este caso “ver” es un decir, porque el cristal que han puesto para proteger las ruinas solo te muestra tu reflejo). Sin embargo, los restos más importantes se encuentran en las afueras de la ciudad, en el distrito de Óbuda (antiguamente, Budapest estaba dividida en tres ciudades Buda, Óbuda y Pest). Se trata de un complejo en el que es posible visitar lo que queda del Foro, de los baños públicos, del mercado y de varias casas y tiendas, así como el Museo Romano. El lugar recibe pocas visitas (la mayoría húngaros, muy pocos turistas lo conocen), lo que te libra de los agobios propios de otros monumentos y te permite andar con mucha más libertad.

Casa en Aquincum/ Ada Pozo

Aquincum surgió como campamento de las tropas romanas que luchaban contra los bárbaros en el siglo I d.C y fue sede de la II Legión Adiutrix. Su función era primariamente defensiva, ya que a partir de ella se construyeron en la frontera varios fuertes que con el tiempo acabarían constituyendo una cadena defensiva contra los invasores bárbaros. Posteriormente, en el 106 d.C. fue nombrada capital de la provincia de Panonia Inferior por el emperador Trajano. A finales del siglo II tenía en torno a 40000 habitantes. En ella se desarrollaron aspectos propios de la vida romana: se construyeron carreteras, baños, un acueducto, un anfiteatro… La ciudad conservó su preminencia hasta el siglo IV. Entonces, la mayoría de sus habitantes la abandonaron ante la amenaza de los Hunos de Atila, que arrasaron con ella. Más adelante fue ocupada por los Vándalos.

Como ya he dicho, las ruinas constan de dos partes: Los restos en sí y un museo romano. Este, aunque de escaso tamaño, cuenta con diversos objetos desenterrados por las excavaciones y que eran utilizados en la vida cotidiana del lugar: vasos, jarrones, joyas, arcos, cascos, figuras y objetos con fines religiosos…

Hydraulis

El museo guarda también una reproducción de un hydraulis, un órgano hidráulico usado en tiempos griegos y romanos. Hasta 1931 no se había encontrado resto alguno de este instrumento, a pesar de que varios autores clásicos lo nombraban. No obstante ese año se descubrió uno en Aquincum, lo que permitió a los historiadores saber como era su forma y conocer un poco más su mecanismo, aunque todavía no se ha averiguado como funcionaba. Por otro lado, hay una estancia dedicada solo a los objetos encontrados en el palacio del procónsul romano enviado a la zona (que se encontraba en la isla Margarita). Se pueden ver mosaicos, estatuas, objetos de uso doméstico… Además, el museo me permitió conocer la existencia de la Tabula Peutingeriana, una especie de mapa del imperio romano y de sus carreteras que fue realizado en el siglo IV, aunque hoy solo se conservan copias posteriores, una de las cuales se encuentra en la Universidad de Budapest. Este mapa consta de 13 sábanas, la 1º de las cuales se perdió, por lo que se encuentra incompleto (No aparecen ni la Península Ibérica, ni una parte de Britania)

Restos de los baños públicos de Aquincum / Ada Pozo

Fuera del museo se te ofrece una posibilidad única de pasear entre las ruinas e interactuar con ellas. Lo que se conserva son fundamentalmente restos de los muros, columnas… Sin embargo, mapas situados en la entrada de cada “edificio” te indican que era cada habitación y te permiten hacerte una idea de cómo era la vida en la ciudad; y si tienes suficiente imaginación de recrearla.

En su defecto hay que decir que las ruinas no están muy bien preservadas, añadiéndoseles a menudo columnas y ampliándose los muros de forma indiscriminada y mediante el uso de materiales modernos como el cemento (todo esto para que el visitante se haga una mejor idea de cómo era la ciudad). Además la seguridad es nula y cualquiera puede colarse y si quiere hacer un grafiti en las ruinas sin ser molestado.

Galería lateral / Ada Pozo

Sin duda, el plato fuerte de la visita son los restos de muros, puertas, columnas, estatuas, frescos… situados en uno de los lados del complejo. Allí puedes ver numerosas inscripciones y grabados en buen estado de conservación. En los frescos es común la representación de familias (aunque la mayoría de las figuras sin cabeza) y de sucesos mitológicos, así como de la vida cotidiana. Hay, incluso, una reproducción de la famosa escena de la loba capitolina

Mi conclusión de la visita es que se trata de unos restos con evidente valor histórico que merecen la pena ser vistos. Es cierto que las ruinas parecen abandonadas, aunque debido a eso  y a la ausencia de vigilancia puedes interactuar con ellas de una manera que en otro lugar no sería posible. En mi opinión son unas ruinas que podrían tener mucha más importancia de la que actualmente se les da y que con la debida publicidad podrían convertirse en uno de los mayores atractivos turísticos de Budapest.

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