Aquincum, ruinas romanas en Budapest

Budapest, al igual que otras muchas ciudades europeas, fue, en tiempos, una ciudad romana: Aquincum. En varios lugares de la ciudad es posible ver restos de este asentamiento, como, por ejemplo, en la plaza del 15 de Marzo, en el corazón de la ciudad (aunque lo cierto es que en este caso “ver” es un decir, porque el cristal que han puesto para proteger las ruinas solo te muestra tu reflejo). Sin embargo, los restos más importantes se encuentran en las afueras de la ciudad, en el distrito de Óbuda (antiguamente, Budapest estaba dividida en tres ciudades Buda, Óbuda y Pest). Se trata de un complejo en el que es posible visitar lo que queda del Foro, de los baños públicos, del mercado y de varias casas y tiendas, así como el Museo Romano. El lugar recibe pocas visitas (la mayoría húngaros, muy pocos turistas lo conocen), lo que te libra de los agobios propios de otros monumentos y te permite andar con mucha más libertad.

Casa en Aquincum/ Ada Pozo

Aquincum surgió como campamento de las tropas romanas que luchaban contra los bárbaros en el siglo I d.C y fue sede de la II Legión Adiutrix. Su función era primariamente defensiva, ya que a partir de ella se construyeron en la frontera varios fuertes que con el tiempo acabarían constituyendo una cadena defensiva contra los invasores bárbaros. Posteriormente, en el 106 d.C. fue nombrada capital de la provincia de Panonia Inferior por el emperador Trajano. A finales del siglo II tenía en torno a 40000 habitantes. En ella se desarrollaron aspectos propios de la vida romana: se construyeron carreteras, baños, un acueducto, un anfiteatro… La ciudad conservó su preminencia hasta el siglo IV. Entonces, la mayoría de sus habitantes la abandonaron ante la amenaza de los Hunos de Atila, que arrasaron con ella. Más adelante fue ocupada por los Vándalos.

Como ya he dicho, las ruinas constan de dos partes: Los restos en sí y un museo romano. Este, aunque de escaso tamaño, cuenta con diversos objetos desenterrados por las excavaciones y que eran utilizados en la vida cotidiana del lugar: vasos, jarrones, joyas, arcos, cascos, figuras y objetos con fines religiosos…

Hydraulis

El museo guarda también una reproducción de un hydraulis, un órgano hidráulico usado en tiempos griegos y romanos. Hasta 1931 no se había encontrado resto alguno de este instrumento, a pesar de que varios autores clásicos lo nombraban. No obstante ese año se descubrió uno en Aquincum, lo que permitió a los historiadores saber como era su forma y conocer un poco más su mecanismo, aunque todavía no se ha averiguado como funcionaba. Por otro lado, hay una estancia dedicada solo a los objetos encontrados en el palacio del procónsul romano enviado a la zona (que se encontraba en la isla Margarita). Se pueden ver mosaicos, estatuas, objetos de uso doméstico… Además, el museo me permitió conocer la existencia de la Tabula Peutingeriana, una especie de mapa del imperio romano y de sus carreteras que fue realizado en el siglo IV, aunque hoy solo se conservan copias posteriores, una de las cuales se encuentra en la Universidad de Budapest. Este mapa consta de 13 sábanas, la 1º de las cuales se perdió, por lo que se encuentra incompleto (No aparecen ni la Península Ibérica, ni una parte de Britania)

Restos de los baños públicos de Aquincum / Ada Pozo

Fuera del museo se te ofrece una posibilidad única de pasear entre las ruinas e interactuar con ellas. Lo que se conserva son fundamentalmente restos de los muros, columnas… Sin embargo, mapas situados en la entrada de cada “edificio” te indican que era cada habitación y te permiten hacerte una idea de cómo era la vida en la ciudad; y si tienes suficiente imaginación de recrearla.

En su defecto hay que decir que las ruinas no están muy bien preservadas, añadiéndoseles a menudo columnas y ampliándose los muros de forma indiscriminada y mediante el uso de materiales modernos como el cemento (todo esto para que el visitante se haga una mejor idea de cómo era la ciudad). Además la seguridad es nula y cualquiera puede colarse y si quiere hacer un grafiti en las ruinas sin ser molestado.

Galería lateral / Ada Pozo

Sin duda, el plato fuerte de la visita son los restos de muros, puertas, columnas, estatuas, frescos… situados en uno de los lados del complejo. Allí puedes ver numerosas inscripciones y grabados en buen estado de conservación. En los frescos es común la representación de familias (aunque la mayoría de las figuras sin cabeza) y de sucesos mitológicos, así como de la vida cotidiana. Hay, incluso, una reproducción de la famosa escena de la loba capitolina

Mi conclusión de la visita es que se trata de unos restos con evidente valor histórico que merecen la pena ser vistos. Es cierto que las ruinas parecen abandonadas, aunque debido a eso  y a la ausencia de vigilancia puedes interactuar con ellas de una manera que en otro lugar no sería posible. En mi opinión son unas ruinas que podrían tener mucha más importancia de la que actualmente se les da y que con la debida publicidad podrían convertirse en uno de los mayores atractivos turísticos de Budapest.

Anuncios

El Claustro de Palamós

De vez en cuando se producen hallazgos en lugares en los que supuestamente todo está descubierto, y poca gente cree que se escondan secretos dignos de ser desenterrados. Le paso a Howard Carter con la famosa tumba de Tutankhamon, cuando todo el mundo pensaba que el Valle de los Reyes había sido ya explorado hasta su última mota de arena; y también ha pasado con el, ahora tan de moda, claustro de Palamós.

La comunidad científica se quedó de piedra ante las palabras del profesor de Arte Medieval de la Universidad de Girona, Gerardo Botó, durante las jornadas Arte fugitivo organizadas por el grupo EMAC de investigación sobre románico y gótico de la Universidad de Barcelona. Boto descubrió la existencia, en el jardín de una finca en Palamós (Girona), de un claustro románico hasta la fecha desconocido. Aunque los dueños de la casa no le habían permitido visitarlo, Boto contaba con unas fotos del claustro publicadas en la revista de decoración francesa AD (la finca está en venta) y con otras de su montaje en el año 1959, encontradas en el archivo municipal de Palamós. El estudio de esas imágenes le permitió concluir que el conjunto era auténtico y probablemente del siglo XII.

Claustro de Palamós/ Dani Chicano

Mientras la noticia pasaba de boca en boca y expertos se apresuraban a expresar su opinión, se supo que el año pasado la Asociación de Amigos del Románico había solicitado a la familia alemana propietaria de la finca  que permitieran el análisis e investigación del claustro (no les contestaron) y que al mismo tiempo había comunicado su existencia al Ministerio y a la Generalitat. Solo habían obtenido la respuesta de ésta, asegurando que ya se habían puesto en marcha los trámites para que sus técnicos inspeccionaran el conjunto, cosa que un año después todavía no había sucedido.

La publicación del descubrimiento en El País, aumentó la presión para que la Generalitat acelerara los trámites y para que los propietarios de la finca, que se escudaban en la supuesta falsedad del claustro, permitieran el acceso a los expertos. Finalmente, el 7 de Junio técnicos de la Generalitat, historiadores como Gerardo Boto y medios pudieron entrar en el jardín y ver el conjunto.

Relieve del Castillo de Alfonso VIII. / Marcel·Lí Saèn

La conclusión no tardo en llegar. El claustro es auténtico, y procede de algún lugar de Castilla, probablemente de Segovia o Burgos. A los expertos les sorprendieron las grandes dimensiones del conjunto y los relieves de animales e incluso de un castillo de Alfonso VIII(1155-1214). Además, se señaló la gran labor de conservación realizada durante los 50 años que el claustro había permanecido en la finca

Poco a poco se fueron conociendo más datos. El conjunto se compró en Julio de 1958 en Madrid por 1 millón de pesetas, aunque se había puesto en venta en 1936 por 5. Antes, había estado en un solar de Ciudad Lineal, en Madrid. Su propietario era el anticuario zamorano Ignacio Martínez, que lo adquirió (de un lugar indeterminado) en 1931. Martínez era un viejo conocido de Arthur Byne, un celebre hispanista que, en las primeras décadas del siglo XX alcanzó un gran prestigio fotografiando y analizando obras del arte español. Sin embargo, en 1980 (cuando ya llevaba mucho tiempo muerto) se descubrió que había aprovechado su posición para expoliar y vender a ricos norteamericanos gran cantidad de obras del patrimonio cultural español. Por ejemplo, en 1925 le vendió al magnate de los medios de comunicación W.R. Hearst (en el que se inspiró la película Ciudadano Kane)  el monasterio de Sacramenia (Segovia) y lo envió a EEUU; en 1929 hizo lo mismo con el monasterio circense de Ovila. Ignacio Martínez colaboró en varios de estos trapicheos, lo que hace pensar que en un principio el claustro de Palamós estaba destinado algún millonario norteamericano.

Al poco de comprar el claustro Martínez contrató al restaurador Julián Ortiz Fernández para que lo montara. Ortiz se traslado al solar antes mencionado con su familia y trabajó en el conjunto hasta 1943 (los trabajos se retrasaron por la guerra). En 1958 fue también uno de los encargados de su traslado a Palamós. Su hijo Juan Manuel de 86 años es el que ha contado toda la historia

El claustro cuando estaba en Ciudad Lineal/ El País

Ahora los expertos están tratando de averiguar el lugar de procedencia del claustro. Todos los lugares posibles se encuentran en Castilla, por la similitud del conjunto de Palamós con otros claustros de la zona. El pasado 12 de Junio El País publicó una lista con los lugares que más papeletas contaban: San Pedro  de Gumiel de Izán (Burgos), el Convento de San Antón (Castrojeriz, Burgos), San Agustín de Benevívere (Carrión de los condes, Paalencia), San Cristóbal de Ibeas (Ibeas, Burgos) y Santa María de la Sierra (Collado Hermoso, Burgos)… Lo más probable es que para que cualquiera de estas hipótesis sea confirmada sea necesario llevar a cabo varías excavaciones arqueológicas que lo confirmen. Además existen muchas otras teorías, incluso los hay que siguen afirmando que el claustro no es auténtico

Esa es la opinión del profesor de arquitectura de la Politécnica de Madrid, José Miguel Merino de Cáceres, quien afirma que el claustro es solo una reproducción encargada por Ignacio Martínez en los años 30. Así, Martinez pretendía realizar una imitación de los claustros castellanos del siglo XII para luego vendérsela a un extranjero. Merino de Cáceres llegó a esa conclusión cuando, al documentarse para un libro sobre Arthur Byne, halló unas fotografías de un claustro en mitad de la nada con un aspecto “acartonado y sospechoso”. En esas fotografías supuestamente aparecía Ignacio Martínez. A pesar de todo el propio Merino de Cáceres ha reconocido que no ha podido ver el claustro para confirmar su hipótesis.

Escépticos en Altamira

-¡Mira Papá, bueyes!

-No hija, no son bueyes, son bisontes

Estas famosas frases dichas por Marcelino Sanz de Sautuola y su hija de 8 años, María, son a menudo identificadas con el momento en el que las cuevas de Altamira fueron descubiertas, aunque eso no es del todo correcto. En realidad, lo que en ese momento se estaba descubriendo, o más bien lo que un representante de la civilización occidental moderna estaba visualizando por primera vez (creemos), eran las pinturas de Altamira

La cueva en sí fue hallada 11 años antes por el aparcero Modesto Cubillas, quién la encontró durante una cacería, al ir a socorrer a su perro, que había quedado atrapado en una abertura en la roca. Cubillas había trabajado varías veces para Sanz de Sautuola, un rico propietario de la zona, y quizás, conociendo su interés por los objetos  antiguos y sabiendo que había investigado otras cuevas de los alrededores, le contará el suceso.

Marcelino Sanz de Sautuola

Sautuola visitó el lugar en 1875 y 1876 encontrando varías herramientas de sílex hechas por la mano del hombre. Sin embargo, no se le ocurrió mirar al techo. Por eso, cuando en 1879 mostró a su hija la cueva, se llevó tan tamaña sorpresa. Nunca antes en la historia moderna se habían localizado unas pinturas prehistóricas o, por lo menos, se las había identificado como tales.

Eso fue lo que hizo Sautuola. Animado por su amigo Juan Vilanova, catedrático de geología por la Universidad de Madrid, publicó una pequeña obra titulada Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander, en la que hablaba de Altamira, la describía, y databa sus pinturas de la época paleolítica.

La comunidad científica recibió con escepticismo la noticia. En medio de fuertes disputas entre los partidarios de teorías evolucionistas (El origen de las especies había sido publicado en 1859) y los que aun creían en la versión creacionista de Adán y Eva, la idea de que unos “salvajes” hubieran sido capaces de pintar de forma tan realista y tan bella, resultaba inconcebible.

Sautuola y Vilanova fueron menospreciados y vilipendiados. Se les llegó a acusar de haber contratado a un pintor francés para que hiciera las pinturas. Expertos visitaron la cueva y concluyeron que los dibujos pertenecían a épocas muy posteriores al Paleolítico (hechas por romanos, fenicios…). Otros creyeron que en realidad eran una trampa puesta por religiosos a científicos para ponerles en evidencia. Cuando Sautola (1888) y Vilanova (1893) murieron, había un acuerdo generalizado de que las pinturas eran falsas. Así, el valor histórico de Altamira le venía reconocido por los numerosos objetos encontrados que atestiguaban el paso de hombres prehistóricos por la zona y no por lo que hoy se conoce como “la capilla sixtina del paleolítico”

Bisonte de Altamira/ Ramessos

Sin embargo, a principios del siglo XX empezaron a encontrarse cuevas con dibujos similares en Francia, que hicieron a muchos replantearse su veredicto sobre a Altamira. Émile Cartailhac, uno de los que más había atacado el carácter prehistórico de las pinturas, visitó la cueva en 1902. Poco después publicó un artículo llamado La grotte d’Altamira. Mea culpa d’un sceptique (La gruta de Altamira. Mea culpa de un escéptico) en el que reconocía su error y defendía la antigüedad de los dibujos. A partir de ese momento, se admitió universalmente  su importancia y condición paleolítica.

Cuando se realiza un nuevo descubrimiento siempre hay personas que lo niegan o reducen su importancia. No solo le paso a Sautuola, arqueólogos tan conocidos como Schliemann también sufrieron del desprecio de sus congéneres. Sin embargo, la mayoría de las veces esas dudas no tardan en disiparse, o en convertirse en minoritarias, ante las evidencias existentes. En este caso fue distinto, los expertos visitaban la cueva y concluían que las pinturas eran falsas o muy posteriores al paleolítico, pese a que hoy se sabe que tienen por lo menos 15000 años (algunas 35000).

¿Qué paso entonces? ¿Sabían tan poco los científicos de la época como para no poder diferenciar una pintura reciente o clásica, de una  prehistórica? Es cierto que ahora se cuenta con métodos de datación mucho más eficaces. Sin embargo, no creo que ese fuera el problema. Lo que se le estaba mostrando a la comunidad científica era algo que no concordaba con la concepción que tenían de los hombres prehistóricos, algo que no cuadraba con sus ideas anteriores. Era, por tanto algo que solo podrían aceptar cambiando su concepto de la prehistoria, con el que llevaban tanto tiempo trabajando.

Ciervo de Altamira/ HTO

 Los hombres tendemos a ver el mundo de acuerdo con lo que pensamos, con nuestras ideas sobre él, y menospreciamos o ignoramos todo aquello que se salga de esa concepción. Así, modificar nuestras nociones e ideas resulta muy complicado y es la causa de buena parte de las disputas que existen, como lo era del debate entre evolucionistas y creacionistas.

Los científicos tienen, supuestamente, que tener una mente más flexible y estar más dispuestos  a cambiar sus concepciones, porque al fin y al cabo trabajan tratando de encontrar respuestas y estas no pueden ser siempre las esperadas. No obstante, para investigar necesitan partir de unas bases, aunque estén totalmente equivocadas; y les costará desprenderse de esas bases tanto como a cualquier otro. Así, descubrimientos como el de Altamira han de precisar de algo más para que sean totalmente creídos y tomados en cuenta. Si solo hay un impedimento a nuestras creencias, podremos considerarlo como un simple error (un falseamiento, una trampa…); sin embargo, cuando se acumulen las evidencias, empezaremos por fin a aceptar lo que Émile Cartailhac reconoció, que somos todos unos escépticos.

Las alteraciones que sufrió la cueva al adaptarse para permitir visitantes y la enorme afluencia de estos, causaron un cambio en su temperatura y humedad, que puso en riesgo la conservación de las pinturas. Por eso la cueva fue cerrada al público en 1979. 3 años después la reabrieron, pero permitiendo un número mucho menor de visitantes. En 2002 se produjo la clausura definitiva, al mismo tiempo que se terminaba la construcción de una réplica de la cueva, que es lo que hoy en día se puede visitar. Existe otra réplica en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Altamira se encuentra en el municipio de Santillana del Mar, en Cantabria

ENLACES DE INTERÉS

http://www.quesabesde.com/noticias/nomada-altamira-descubrimiento-marcelino-sanz-sautuola-juan-vilanova,1_5147

http://www.planetasapiens.com/?p=5021

http://museodealtamira.mcu.es/

http://www.cuevamuseoaltamira.com/

http://www.youtube.com/watch?v=fgZxhpcyR-M

Mejor un nuevo comienzo que un fin del mundo

Hace unos días, la revista Science publicaba la noticia: Se había descubierto el calendario maya más antiguo y en él no había referencias al fin del mundo. De hecho, iba más allá del 21 de diciembre de 2012. Como ya explique en una entrada anterior,  los mayas dividían el tiempo en ciclos. Hasta ahora los calendarios descubiertos contenían 13 ciclos astronómicos, pero el nuevo tiene 4 más, en total unos 7000 años del futuro.

Así que fin del problema, este año no se acaba el mundo, pensarán algunos. Sin embargo, la comunidad científica ha aprovechado el momento para recordar lo que ya intentaron decir el año pasado, tras un foro sobre los mayas celebrado en Chiapas. La idea de que el fin del mundo sería en 2012 no la tuvieron los mayas, sino que surgió en los años 70 a raíz de la publicación de varios libros. Como el encargado de las excavaciones en Xultún (Guatemala), donde el nuevo calendario fue descubierto, William Saturn dice:

“Los mayas nunca predijeron el final del mundo, predijeron ciclos, nuevos comienzos, pero nunca finales. El calendario tenía como función prever que los mismos eventos cósmicos iban a suceder en el futuro. Los Mayas estaban buscando una garantía de que nada iba a cambiar”

Es decir, que los mayas nunca tuvieron una concepción del mundo lineal, con un fin, sino cíclica, circular, en la que todo no acabaría, sino que volvería a empezar. Lo que supuestamente finalizaba el 21 de diciembre era un ciclo. Después habría un nuevo comienzo.

Los expertos consideran que toda la parafernalia montada alrededor del fin del mundo, surge porque nos encontramos en un momento de crisis y pesimismo, propicio para que estas leyendas puedan prosperar. Lo curioso es que no es un momento tan diferente al que estaban viviendo los mayas en la época de la que data el nuevo calendario.

William Saturno trabajando en los murales / Tyrone Turner, National Geographic

Éste ha aparecido en Xultun (Guatemala) una ciudad maya que ocupa una extensión de 16 km cuadrados y que fue descubierta en 1915 por un chiclero (una especie de vendedor de golosinas). Se encontraba en medio de la selva, tapada por árboles y follaje, motivo por el cual había pasado desapercibida. Las primeras excavaciones en el lugar fueron realizadas  por Sylvanus Morley del Instituto Carnegie de Washington, en la década de los 20. Después ha habido dos exploraciones arqueológicas más.

Xultun es uno de los últimos sitios mayas en los que no se han hecho grandes investigaciones, y en los que todavía quedan muchas cosas por descubrir. No obstante el sitio sufrió saqueos en la década de los 70, debido al abandono de las ruinas, que reducen las expectativas de los arqueólogos.

El rey y el escriba/ Tyrone Turner, National Geographic

En 2010 un estudiante llamado Max Chamberlain que se encontraba trabajando en la última de las excavaciones, siguió las trincheras que habían abierto los saqueadores a lo largo de la ciudad. Durante su búsqueda descubrió una pequeña habitación en la que vio  pinturas en las paredes. Como estas no abundan entre los mayas, avisó de su hallazgo al jefe de las excavaciones, el ya mentado William Saturn. Aunque con pocas expectativas de encontrar algo, el lugar se inspeccionó y se empezaron a despejar las paredes en busca de nuevas pinturas. Pronto la figura de un rey dibujado en color emergió. Estaba claro que habían encontrado una de las pocas pinturas murales de los mayas que se conocen.

Junto al rey, se encontró también la figura de un escriba. Después, en los muros norte y este del cuarto, encontraron varios textos jeroglíficos que no tardaron en identificar como el calendario ceremonial maya de 260 días, el calendario solar de 365 días, el ciclo de Venus de 584 días y el ciclo de Marte de 780 días.

Lo increíble de estos calendarios es que fueron hechos en el siglo IX, casi tres siglos antes del calendario maya más antiguo descubierto hasta la fecha; y que son calendarios murales, mientras que todos los demás que se conocen están escritos en libros.

Se cree que la habitación en la que se encontraron era un estudio de escribas o bien un lugar en que se enseñaba a los nuevos escribas. Las pinturas de las paredes servían como una especie de pizarra, que ayudaba a los escribas a realizar su trabajo, que consistía en hacer predicciones sobre el futuro de la ciudad basándose en los calendarios.

Habitación en la que se encontraron los calendarios / Tyrone Turner, National Geographic

Antes he dicho que había similitudes entre la época en la que el calendario fue hecho y la época actual. Ambos eran periodos de fuerte crisis económica, ambos eran momentos en que todo invitaba al pesimismo.

El calendario fue realizado a finales de la época clásica maya, poco antes de lo que se conoce como el “colapso maya”. Este consistió en que los mayas abandonaron en masa sus ciudades y emplazamientos (que se encontraban en lo que hoy es Guatemala)  y se trasladaron al norte (la actual México). Se trata de uno de los mayores misterios históricos que existen ¿Por qué una civilización tan avanzada y sofisticada como los mayas abandonó sus hogares, sus edificios y sus templos y se desplazó al norte? ¿Cuál puede ser la causa que provoque que millones de personas, que una cultura entera, abandonen todo lo construido hasta la fecha y se asienten en un nuevo lugar?

Templo de Tikal del periodo clásico/ Mike Murga

Hay muchísimas hipótesis, y probablemente no haya un único motivo. Lo que sí se sabe es que a finales del periodo clásico las ciudades mayas estaban inmersas en varios enfrentamientos entre sí y que había una gran crisis económica provocada entre otras cosas por grandes sequías. El impacto que estas tenían era enorme porque la economía y alimentación de los mayas dependían del maíz. Para cultivarlo era necesario ganarle terreno a la selva, había que cortar árboles y acondicionar la tierra. Después de la cosecha pasaban muchos años hasta que el mismo terreno podía volver a cultivarse. Así, los mayas cada vez tenían que irse más lejos de sus ciudades para sembrar maíz, y con la sequía el tiempo de barbecho (descanso de la tierra) era cada vez mayor. A todo esto se le sumaba que la población había aumentado mucho en los siglos precedentes y había que cultivar mucho más maíz.

Por tanto el calendario fue realizado en un periodo de decadencia de la civilización maya. Los ciudadanos veían su futuro muy negro, como nosotros ahora, y necesitaban de escribas que les aseguraran que todo seguiría igual, que les predijesen el futuro y les aseguraran que el tiempo es cíclico y que nada cambiaría.

ENLACES DE INTERÉS

Sobre el descubrimiento

Sobre Xultun

El arqueólogo William Saturno cuenta el descubrimiento

¿Dónde está la tumba de Alejandro?

Hasta ahora solo he hablado de descubrimientos ya realizados, de tesoros, ciudades y tumbas ya hallados. Sin embargo, lo que está oculto y enterrado es mucho más de lo que se ha descubierto. Aún hay gran cantidad de misterios por revelar, de lugares por excavar y de civilizaciones que investigar.

Hoy voy a hablar de uno de esos enigmas que todo arqueólogo sueña con desvelar. Muchos lo han buscado y miles de teorías han sido enunciadas al respecto. Porque ¿Quién no querría averiguar dónde se encuentra la tumba de Alejandro Magno?

Alejandro Magno en un mosaico romano/ Momo Wang

Alejandro fue un rey macedonio que ascendió al trono a la edad de 20 años tras el asesinato de su padre Filipo, que había subyugado las ciudades  griegas. Estas intentaron aprovechar la oportunidad y se rebelaron. Sin embargo, Alejandro las sometió. Tras asegurar sus fronteras, volvió sus miras hacía Oriente y manifestó su intención de liberar las ciudades griegas de la costa jónica, que se encontraban bajo el control del Imperio Persa, la mayor superpotencia de entonces. Lo hizo, pero sus ambiciones iban más allá y por eso no detuvo allí su marcha. Uno a uno todos los territorios en poder de los Sasánidas, fueron cayendo bajo su mando. Fue nombrado rey de reyes por los persas y faraón por los egipcios. A lo largo de todo el camino fundó ciudades a las que llamó Alejandría, la más famosa de las cuales se encontraba en Egipto. Llegó hasta la India, en donde, tras una serie de victorias y cansados y ansiosos por regresar a casa, sus soldados se amotinaron y Alejandro se vio obligado a dirigirse a su nueva capital, Babilonia.

Puerta de Ishtar que se encontraba en Babilonia. Museo de Pérgamo (Berlín)

Allí, en  una fiesta, se sintió enfermo. 10 días después, tras una dura agonía, murió. Tenía 33 años, habían pasado trece desde que partió de Macedonia. Las causas de su muerte no están claras, se ha hablado de malaria, de tifus, de pancreatitis e, incluso, de veneno. El caso es que el hombre que había conquistado buena parte del mundo conocido y que mantenía su imperio unido, había fallecido.

Alejandro no dejó herederos, solo una esposa embarazada. Por eso, sus generales y amigos, los famosos diadocos, empezaron a pelearse por quién sería el nuevo rey. Finalmente se llegó al acuerdo de que a cada uno le correspondería una provincia del imperio hasta que el hijo de Alejandro se hiciera mayor.

Sin embargo, este pacto no significo la paz, sino solo un pequeño paréntesis, ya que pronto los generales volvieron a enfrentarse. Durante años guerrearon entre sí. El hijo de Alejandro, tan solo un niño, fue asesinado. Al final el imperio quedo reducido a la nada. De él surgieron muchos pequeños estados y la parte más oriental fue reconquistada por sus antiguos dueños.

En esa situación partió el cadáver de Alejandro, embalsamado, de Babilonia dos años y medio después de su muerte. Iba acompañado por una espectacular comitiva liderada por el diadoco Perdicas. No se sabe hacia donde se dirigía, si a Macedonia o al oasis de Siwa en Egipto (aunque la hipótesis más plausible es la primera). Lo que sí se sabe es que el cuerpo acabó en Egipto en manos de otro de los generales enfrentados, Ptolomeo, con Perdicas muerto.

Ptolomeo fundó una dinastía en el país del Nilo que acabaría 300 años después, con Cleopatra. Durante todos esos años el cuerpo de Alejandro permaneció allí. Primero estuvo en Menfis y luego se le construyó una magnifica tumba (conocida como sema o signo) en Alejandría. Ese sepulcro se convirtió en un lugar de culto y peregrinaciones. Fue visitado por Julio Cesar y Octavio Augusto (quién según Dión Casio rompió la nariz del cadáver al ponerle una corona) y, más adelante, por Séptimo Severo.

Busto de Alejandro/ Michiel2005

Poco se sabe del sepulcro en sí. Las fuentes antiguas son escasas, aunque cabe citar a Estrabón, Lucano y Aquiles Tacio. El sarcófago era en un principio de oro, aunque después fue sustituido por Ptolomeo XI por uno de alabastro. Es posible que la tumba fuera trasladada en varías ocasiones, aunque todo parece indicar que se encontraba rodeada por las de los Ptolomeos. Estrabón escribió que se encontraba en la zona de los palacios. La última referencia que se tiene del sepulcro data de la época de Caracalla (211-217).

En los dos últimos siglos muchos aventureros han partido en busca de la tumba de Alejandro. Algunos fueron famosos arqueólogos como Schliemann o Howard Carter, otros eran solo caza fortunas. Visionarios y charlatanes, científicos y aficionados…todos han sentido la tentación del misterio de la tumba del conquistador macedonio.

Dos casos especialmente extrafalarios de “locos de Alejandro” son la expedición de videntes organizada en 1979 para encontrar la tumba; y el camarero Stelios Komoutsos que durante 40 años se dedico a excavar y hacer agujeros furtivamente por toda Alejandría en busca del sepulcro.

Existen varías hipótesis de donde puede estar situado. Una apunta a que se encuentra bajo la mezquita de Nabi Daniel en Alejandría donde Ambrose Schialze, un funcionario de la embajada turca, dijo haber visto el cuerpo de un hombre sentado en un trono dentro de una urna de cristal. Sin embargo, numerosas búsquedas se han realizado allí sin ningún reultado.

Otra, defendida por el profesor de Antropología de Cambridge, Nicholas Saubers, en su libro Alejandro Magno. El destino final de un héroe, dice que el sepulcro (y con él, el cuerpo) fue destruido durante las revueltas que enfrentaron a paganos y cristianos (sí, las mismas que se narran en la película Ágora)y que también acabaron con la biblioteca de Alejandría. A favor de esta teoría está el hecho de que la tumba se había convertido en un símbolo pagano.

Otros apuestan porque la tumba fue destruida por un maremoto, que, en torno al año 365, asoló la ciudad de Alejandría y la destruyo parcialmente.

Valerio Manfredi presenta una nueva teoría en su libro La tumba de Alejandro. Basándose en Lucano, que, imaginándose una visita a la tumba, habla de una montaña artificial y del descenso a una cámara subterránea; Manfredi dice que las ruinas de un edificio hallado en el cementerio latino de Alejandría  podrían corresponderse con la tumba de Alejandro. Este lugar, conocido como “La Tumba de alabastro”  presenta paralelismos con la tumba de Vergina, en Grecia, donde está enterrado Filipo. Además, esta hecha con el mismo material que el segundo sarcófago de Alejandro. Manfredi también apunta que el cuerpo fue probablemente destruido durante las revueltas religiosas que hubo en la ciudad.

Por otro lado, hay otras hipótesis que apuestan porque el cuerpo no se encuentra en Alejandría. El historiador Andrew Chugg defiende que los restos humanos enterrados bajo la basílica de San Marcos en Venecia y provenientes de Alejandría, no son en realidad los del apóstol San Marcos, sino los del conquistador macedonio.

Oráculo de Siwa

Una de las mayores decepciones se produjo cuando la arqueóloga griega Liana Soulvatzi anunció en 1992 el hallazgo de la tumba en el oasis de Siwa, en el desierto egipcio. Alejandro viajó a ese lugar, que albergaba un famoso oráculo, donde supuestamente se le  anunció que era hijo de Amón. Diversas fuentes antiguas afirman que era su deseo ser enterrado allí. Por eso la hipótesis de que su cuerpo se encontrará en Siwa parecía factible. Sin embargo, pronto empezaron a surgir dudas al respecto. Desde la comunidad científica se acusó a Soulvatzi de falsear pruebas e inventarse una inscripción de Ptolomeo: Finalmente varios expertos viajaron al lugar y confirmaron las sospechas. El gobierno egipcio prohibió a la arqueóloga realizar más excavaciones.

El caso de la tumba de Alejandro Magno ha sido causa de muchas discusiones. Probablemente nunca se descubra la verdad. No obstante, el misterio sigue apasionando a muchos y quizás, y solo quizás, un día llegue alguien que de con la respuesta adecuada. Al fin y al cabo nadie daba un duro por el descubrimiento de Troya (de hecho, nadie daba un duro por la existencia de Troya).

¿Inversión privada sí o no?

Como últimamente he hablado mucho de Italia, voy a dedicar una entrada a uno de los puntos más conflictivos y polémicos de la conservación de su patrimonio cultural. Ya he mostrado antes que la crisis también afecta a la arqueología, que redunda en recortes, en paro y en manifestaciones. Si hace unos días hablaba de cómo los arqueólogos griegos han convocado una huelga en protesta por una ley que prima los intereses económicos frente a la protección de los bienes culturales, en Italia el debate entre conservación del patrimonio histórico y  afán empresarial lleva largo tiempo candente.

Casa de Pompeya/ Cristian Martínez

El inmenso patrimonio cultural que tiene Italia precisa de una inversión equivalente. Para mantener Pompeya, el Coliseo, el Foro, las obras renacentistas…en buen estado, es necesario gastar mucho dinero. El problema comenzó cuando el gobierno de Silvio Berlusconi redujo los presupuestos para cultura en 1700 millones. Después hubo varios los accidentes: Se cayó parte del techo del palacio del emperador Nerón, destruyendo las salas que se encontraban debajo; se han derrumbado  varios muros de edificios de Pompeya y Herculano varios turistas han resultado heridos por desprendimiento de trozos de mortero de las paredes del Coliseo…

El mal estado de conservación de buena parte del patrimonio histórico y cultural de Italia, es evidente. En época de crisis, el gobierno, centrado en reducir gastos, no pone el dinero suficiente para que las restauraciones necesarias se lleven a cabo; y así el declive de los monumentos, palacios, estatuas…italianos, se acelera.

El coliseo / Beatriz Pozo

Ante esta situación muchos han vuelto sus miras hacía la inversión privada, como método para salvar los bienes culturales. El problema está en que una empresa, cuyo máximo objetivo es obtener beneficios, no pone su dinero a cambio de nada. Cuando se pidió a las asociaciones privadas que ayudaran a la restauración del Coliseo, las empresas interesadas respondieron que lo harían si se les permitía poner publicidad en las gradas. Finalmente, la empresa de zapatos Tods llegó a un acuerdo de inversión en el monumento romano, obteniendo como contrapartida un permiso para usar su imagen en publicidad.

Otro ejemplo fue la restauración del Puente de los Suspiros de Venecia, llamado así por los suspiros que lanzaban los presos cuando eran trasladados del palacio del Dogo (una especie de ayuntamiento), a un lado, con la cárcel, a otro.   Los trabajos se llevaron a cabo en 2010, y durante todo ese año las paredes que lo rodeaban quedaron cubiertas con enormes carteles publicitarios del banco que había financiado las reparaciones. Así, al mirar al canal no veías dos edificios renacentistas unidos por el famoso puente, sino un trozo de este y tres grandes carteles azules.

Puente de los suspiros/ Beatriz Pozo

Todas estas acciones han abierto un debate en la sociedad italiana entre los que piensan que la conservación de los monumentos ha de ser responsabilidad pública ,en cuanto a que son un bien de todos; y los que opinan que conviene pedir ayuda financiera a las empresas, para reducir gastos, aunque así el monumento se convierta en un lugar comercial.

Nadie duda de la necesidad  de que la inversión en el patrimonio histórico y cultural del país italiano aumente. Sin embargo, muchos advierten que el recurrir a financiación privada  puede tener efectos muy negativos. Todo el mundo tiene derecho a disfrutar de un monumento, pero la colocación de publicidad puede deformar su imagen y quitarle parte de su belleza. Si el fin de la conservación de un monumento es que permanezca inalterado para que lo admiremos de forma similar a si lo viéramos en su época de esplendor ¿Qué sentido tiene modificar su imagen, alterarla? Otro argumento  es que la inversión privada solo es una solución a corto plazo y los distintos bienes culturales necesitan que su mantenimiento sea constante y que cada pocos años se hagan reparaciones. Además, ha habido casos en los que la privatización del monumento ha ido demasiado lejos y este ha acabado convertido en una especie de centro comercial, como sucedió en varios castillos de Albania

Iglesia en restauración en Venecia / Beatriz Pozo

En el otro extremo están los que opinan que si el dinero es tan urgente, porque no aceptar el que ofrecen los empresarios. Al fin y al cabo, será para el propio bien de aquello que haya que restaurar. En este lado también se encuentran los que piensan que se debería usar el patrimonio histórico como fuente de ingresos. Si la gente tiene tanto interés en verlo ¿por qué no cobrarle más por ello? Así se hace, por ejemplo, en las galerías de arte privadas.

Y vosotros que pensáis ¿Estáis a favor de la inversión privada en los monumentos o en contra?¿Creéis que es posible un modelo en que las empresas participen en el mantenimiento del patrimonio cultural del país, sin que éste acabe saliendo perjudicado?

En todos lados

Buscando nuevo material para el blog en Florencia, descubrí que debajo del Palacio Vecchio se han encontrado las ruinas de un antiguo teatro romano. El hallazgo se produjo en 2004 y hasta 2010 se llevaron a cabo excavaciones en el lugar. Hoy el sitio está abierto al público, aunque es necesario hacer una reserva para visitarlo.

Restos del teatro romano de Florencia

El teatro data del siglo I y sobre sus ruinas fueron construidas el Palacio Vecchio, que, cuando Florencia era una república independiente, hacía las veces de ayuntamiento y la plaza de la Signoria, una de las más famosas de la ciudad. El mismo sitio desde el que los Medici gobernaban, donde Savonarola fue quemado vivo y sobre el que hoy pasean los miles (o millones) de turistas que recorren la ciudad, fue en tiempos un teatro, lugar de esparcimiento para los ciudadanos de época romana. En el cabían más de 15000 personas y  fue utilizado hasta el siglo V. Sin embargo, después fue abandonado y olvidado y hubieron de pasar 1500 años hasta que volvió a salir a la luz.

Es paradójico que un lugar al que antes acudían miles de personas para divertirse haya sido sepultado bajo otras estructuras que han sido celebres por motivos muy diferentes. Sin embargo, se pueden encontrar ciertos paralelismos entre lo que había arriba y lo que permanecía enterrado debajo. Si el teatro era el lugar desde donde se ofrecían representaciones, la plaza de la Signoria ha sido también testigo de varios espectáculos, aunque en muchos casos fueran de un carácter distinto. Al fin y al cabo, que la muerte de Savonarola fuera en público también tenía como objetivo congraciarse con la gente, así como inspirar temor a cualquier enemigo de los Medici. Además, el arte siempre ha estado presente en la citada plaza, en la que el David de Miguel Angel permaneció durante III siglos (aun hoy se puede ver ahí una copia), del mismo modo que lo que se representaba en el teatro era arte.

Palacio Vecchio y parte de la plaza de la Signoria

Que se hayan encontrado ruinas debajo de la plaza de la Signoria no es algo que se salga de lo normal en Italia. Vayas a donde vayas, siempre te puedes encontrar restos del imperio romano. En la entrada sobre Roma ya decía que nunca sabías lo que te ibas a encontrar al girar una esquina. Lo mismo se puede aplicar a todo el país. Lo que en otro lugar serían unos restos de un valor incalculable, que intentarían promocionar y atraer visitantes, en Italia son uno más. Yo no había oído hablar antes de ese teatro y, sin embargo, ahí estaba, con sus 15000 tribunas (aunque aun no se ha excavado en su totalidad), mayor que el anfiteatro de Mérida, y, probablemente, peor conservado.

Lo que estoy intentando decir es que Italia en sí es un conjunto de ruinas. El imperio que la habitó dejó tanta huella que hoy no hay lugar donde no se pueda notar su presencia. Como oí una vez decir, en Italia excavas un poco y te sale una estatua.